Too complex

“My mommy used to always say that cross-class learning was the key to a rich and fulfilling life.”

Elan (Order of the stick)

Dicen que el saber no ocupa lugar… ¡Ja! Igual no ocupa espacio (otro ¡Ja!), pero ocupa tiempo… mucho… y no tengo.

Why so serious?

Cuando me metí en el mundo de la Enfermería, lo hice por un motivo: desinformación. Nadie me había dicho en el verdadero berenjenal en el que me metía. El típico “no sabes dónde te metes” era, a mis 18 años, una definición de mi persona. Pero de desfacer ese entuerto se encargaron bien el primer día de clase. Yo, que iba tan feliz e ignorante, convirtieron mis ilusiones en un futuro incierto.

A pesar de todo me dije “From lost, to the river”, “Lil hairs to the sea” y “Hands to the work” y me embarqué en las procelosas aguas del saber enfermero. Igual tendría que haberme llevado un salvavidas…

And now… for something entirely different

Poco me imaginaba yo que acabaría donde estoy ahora: híbrido enfermero-informático metido de lleno en el proceso de informatización del hosptial, habiendo dado vueltas por servicios que poca gente se imagina pueda estar un enfermero.

Y poco me imaginaba yo que, llegados a este punto, mi formación profesional a corto-medio plazo está enfocada a sacarme un certificado C1 en inglés e intentar doctorarme en “Sociedad de la información y gestión del conocimiento”. Y a largo plazo, acabar de una vez la IT en Informática de sistemas… Cómo? Que ahora es un grado??? Miiiii…….ércoles.

Lesson 1… listen and repeat

La lección de todo esto? Aparte de que el día tendría que tener unas 36 horas para cumplir con todos mis roles de manera satisfactoria, cosa que le sucede al 99,9% de la población, está el hecho de que nunca se sabe de dónde pueden caerte las oportunidades. Así pues, queda claro que cuanto más amplios sean tus conocimientos y experiencias, más oportunidades te llegan.

(Al final, el saber sí que ocupa lugar)

La aventura de ser padres

“Dos consejos te doy: no tengas hijos, no te metas en obras”
Marc Hudson

Cuando uno decide emprender la aventura de la paternidad, se imagina muchas cosas y recuerda tantas otras: cómo le educaron sus padres, cómo educará a sus hijos, esperanzas, ilusiones, miedos… pero, por mucho que le eches imaginación al asunto, nunca llegarás a estar mínimamente preparado para lo que te espera

Una de cal y otra de arena

Es cierto que los hijos son una fuente de satisfacción y orgullo, pero también de enfado y preocupación. Si ya son difíciles las relaciones humanas con personas extrañas, lo son mucho más cuando se trata de la familia… y no os cuento cuando esa familia es una personita que lleva la mitad de tí dentro. Literalmente.

Eso sí, esa personita es capaz de hacerte generar cariño, ternura, protección  y comprensión a unos niveles que ni tú mismo sospechabas.

En pocas palabras: sentimientos encontrados.

Quien espera, desespera

Por eso, cuando la profesora de tu hijo te comenta que necesita un refuerzo de logopeda, lo primero que piensas es “¿Qué he hecho mal?”. Y si un par de meses después la profesora y la logopeda comentan que quizá sería necesario una evaluación de un pedagogo… se te cae el alma al suelo. Mi mujer y yo pasamos por un magnífico duelo anticipado mientras esperábamos la evaluación.

Por supuesto, nos pareció una eternidad.

Pedagogía

Cuando acudimos a la reunión con la pedagoga, la primera, en la frente: ese día era la primera vez que veía a nuestro hijo y nos dijo que la valoración iría para largo. ¿Cómo? ¡Necesitábamos saber qué le pasa a nuestro hijo! Lanzaban la piedra, escondían la mano. Para nosotros, fue bastante estresante. NO SABER. ¿Qué hacer?¿Qué podíamos esperar?¿Qué futuro le esperaba a nuestro hijo?

Y otra vez nos ponían en Stand-By.

Un final abierto

Al final, no fue tanta la espera. Otra reunión, pero con diagnóstico: “Retraso madurativo”. Tuvimos que poner las cartas sobre la mesa. Busca(ba)n descartar un trastorno autista. ¡Por fin las cosas claras!

Comunicación

No estoy diciendo que hiciesen mal su trabajo. Al contrario: mostraron un trato cuidadoso en todo momento, pero quizá demasiado cuidadoso. Entiendo que haya padres que se derrumben al oir que su hijo podría ser autista, sin embargo, en nuestro caso fue al contrario.

Eso me hizo pensar en que el comunicar es tanto ciencia como arte. No es de extrañar que se hagan tantos cursos sobre comunicación… pero sí es extraño que esa necesidad de aprender a comunicar no sea más acusada entre los profesionales de la salud: necesitamos conocer al paciente, saber de sus necesidades y cómo satisfacerlas. Informar o, en nuestro caso, no informar, puede hacer que una piedra en el camino se convierta en una montaña.

¿Realmente somos conscientes de que la gente necesita?

Repeat, please

Ayer tocó ecografía del primer trimestre para mi segunda “criaturica”. Para los interesados que pueda haber por aquí, diré que todo va bien: viene uno, aunque tenemos que volver en 15 días porque el feto era demasiado pequeño para las mediciones oportunas.

Pero, aunque me produzca gran regocijo hablar de mis vástagos, no es de lo que venía a hablar. Mientras esperábamos, se me ocurrió echar un vistazo al único material de lectura del que disponíamos en ese momento. En este caso, se trataba de la “cartilla” de embarazada, en el que constan todos (importante esta observación) los datos referentes a la salud obstétrica de la embarazada, que son cumplimentados por la comadrona del centro de salud.

Antes de entrar, una persona (nunca dijo si era enfermera, auxiliar, secretaria… pero iba de blanco, eso sí) nos pidió la cartilla y los resultados de unos análisis, que, en nuestro caso, todavía no teníamos en nuestro poder.

Inciso
El circuito de esos análisis tiene guasa: la comadrona del centro de salud al que pertenecemos, que tiene al hospital A de referencia, hace una petición de análisis, cuya muestra se extrae en el centro de salud, se envía al hospital B, el cual envía esos resultados al centro de salud, que se entregan al paciente para que los lleve a la revisión que se realizará en el hospital A (Buenos días, soy el mensajero paciente ¿o el paciente mensajero?).
Fin del inciso

Cuando entramos en la consulta, una simpática doctora (sin dobles lecutras) nos invitó a sentarnos y nos ametralló (fusiló a gran velocidad) con una batería de preguntas cuyas respuestas ya estaban en la cartilla de embarazo. Curioso.

Algunos puede que piensen que ahora voy a despotricar contra dicha doctora diciendo “Ya podría haber mirado en la cartilla, en vez de preguntar lo mismo que preguntó la comadrona”. Pues no, aunque razón no me faltaría, pero hay que entender lo siguiente: aquella profesional necesitaba esos datos y, conociendo el percal, le era mucho más rápido obtenerlos mediante preguntas directas, que intentando descifrar lo que otra persona había escrito (eso si los datos estaban al completo, ¡o si estaban!).

Lo que voy a destripar es lo siguiente: tanto en atención primaria como en los hospitales de la provincia existen unos estupendos sistemas informatizados para las historias clínicas de los pacientes (bueno, hay excepciones, pero cierto grado de informatización sí que existe). ¿Acaso no se usan? Por supuesto que sí. Entonces ¿los profesionales que nos atendieron no los usaban? Sí, los usaban e introducian los datos en sus respectivas bases de datos. ¿El problema? Bueno, que si yo uso la base de datos que habla en “chino” y tú la base de datos que habla en “francés”, pues tenemos un problema.

Es entonces cuando se recurren a circuitos absurdos o hay que repetir las mismas preguntas y respuestas (“Repeat, please”) poque, por una falta de previsión, no se consensuó en qué idioma tenían que hablar las bases de datos. Aunque desde la administración hay un proyecto de una nueva base de datos general que integra la información de las bases de datos particulares, lo cual nos beneficiaría a todos, usuarios y profesionales. Tiempo al tiempo.

Cocinillas

Los que me conocen bien saben que, entre muchas de mis aficiones, me gusta mucho cocinar. Y no soy de los que se ponen ante los fogones una vez por semana en plan “ya está aquí el chef”, ensuciándolo todo y siendo un completo desastre: cocino casi a diario y procuro ser bastante pulcro (más que nada porque después me tocará limpiar).

Algunos ya han probado mi Tiramisú, el Brownie o el Mousse de piña (éste último, receta familiar). También me gusta ir por los foros de cocina o páginas con recetas y probar algo nuevo. Por eso, cuando una famosa marca de videojuegos decidió sacar un juego de cocina, decidí comprarlo a ver qué tal… Ha resultado ser una fantastica adquisición: no sólo la interfaz es intuitiva y sencilla, sino que las recetas vienen paso a paso (algunas con vídeos explicativos) y, cosa importante, las recetas son bastante exactas, lo cual es bastante inusual… ¿nunca os ha pasado que os faltaba relleno para una receta o las cantidades eran absurdas?

Por supuesto, esto no es un post patrocinado… pero puede serlo en cualquier momento 😀

Paseando con papá…

A los fans de Gomaespuma les sonará el título de la entrada…

Esta tarde he hecho de papá-modelo y he llevado al pequeño terremoto a dar una vuelta en bicicleta (esa era la excusa para hacer un poco de ejercicio). Aparte de tener que esquivar a los cienes y cienes de peatones que piensan que el carril-bici es un paseo y que haya todavía ciclistas que vayan en paralelo por un carril que no supera el metro y medio de ancho, mi vástago y yo nos lo hemos pasado bastante bien.

Nuestro destino ha sido la zona del Carnatge de Palma. Mientras hacíamos hacía el descanso, una mujer se acercó preguntando qué tenía de especial la zona… Desgraciadamente, mi información se reducía al papel que tuvo durante la guerra y a la explotación de la zona como canteras de marés.

Como me ha picado la curiosidad, he decidio buscar en Google y he encontrado esta página. Aquí os la dejo para que todos aprendamos un poco más sobre el mundo que nos rodea.